Hoy se me cumplió un sueño, el sueño mas anhelado y lejano de mi vida, se me cumplió una fantasía que pensé que solo iba a terminar con mi muerte.
Don Armando se me declaró... me dijo que estaba obsesionado por mí, que sentía celos de Nicolás... ¡y me besó!, ¡sí!, ¡me besó en la boca!.
Yo sentí que el mundo se me iba , pensé que era otra traición del deseo que siempre juega con mi imaginación, que siempre me hace aparecer a un don Armando enamorado de mí y que siempre se me esfuma. Pero este don Armando era real, él mismo me lo confirmó y pude cerciorarme de eso cuando acaricié su rostro. Era el don Armando de carne y hueso que está a mi lado todo el día, era el hombre severo e implacable del que me enamoré... fue un beso real.
Pero algo pasa dentro de mí, no siento la felicidad que debe sentir cualquier mujer que sueña con un hombre imposible y que se le hace realidad. No estoy saltando por mi habitación y pintando corazones por todas las paredes. Tengo miedo, no sé que es lo que ve en mí, que tengo yo para obsesionarlo, para atraerlo, para que le haya provocado besarme.
Él es un hombre importante, de apellidos, de tradición. Él es un hombre codiciado por las mujeres mas bellas y lo peor... está comprometido con doña Marcela.
Se va a casar, no puede existir nada entre él y yo, no soy la mujer para él. Yo no lo podría hacer feliz. Temo pensar que todo esto fue un accidente.
Él estaba ebrio, deprimido, estresado, a lo mejor no sabía bien de lo que estaba hablando ni lo que estaba haciendo. Y si fue así... habré cometido el peor error de mi vida, porque cuando amanezca recordará que nos besamos, que se besó con su asistente fea, la que tiene depositada en ese hueco oscuro y que desde allí delira por el las veinticuatro horas del día.
Tengo miedo de que cuando amanezca, los dos veamos los desastres de ese beso, porque yo no sabré como mirarlo a la cara, y el se va a sentir incómodo conmigo... tal vez ese beso sea mi muerte porque talvez signifique que tenga que alejarme de él. Tal vez el quiera borrar todo esto que sé que será un manchón turbio en su vida, producto de una noche de tragos y quizá quiera limpiarlo desenterrándome de su vida.
Tengo miedo del amanecer.